Para los más chiquitos...Grupitos de iniciación artística. |
|||
![]() |
![]() |
||
| Grupos de 3 y 4 años. | |||
| Grupos de 2 años | |||
| Grupos de 1 año en adelante. Mamás y bebés. | |||

Educar es… Educar es lo mismo Pero para eso, |
Pero es consolador soñar Gabriel Celaya (1911-1991) |
RISAS DE LA TIERRA | PUBLICACIONES PERIODÍSTICAS
REVISTA MADRE HAY UNA SOLA | MAYO/JUNIO DE 2007
“La función del Jardín Maternal ¿Es necesario el Jardín a esta edad?". Por Magdalena Fleitas
Cada
vez que vienen papás a anotar a su hijito de 1 y 2 años al jardín
me preguntan por el tema de la necesidad de este espacio para los chicos chiquitos.
Mi respuesta es muy clara: a esta edad los chicos no necesitan ir al jardín.
La idea de que se "aburren" en casa viene en parte de la inseguridad
de los papás o del bombardeo mediático de que hay que apurarse
para estimular a los chicos. Hace algunos años no se planteaba la escolaridad
tan temprana.
Es importante que los papás tomen conciencia de esto y que, si deciden
mandar a su hijo al jardín, le ofrezcan un espacio donde se sienta
querido, atendido y mimado personalmente. Son los primeros pasos fuera de
casa, con maestros, otros chicos, en un espacio nuevo, con elementos desconocidos,
consignas que entender y seguir, y todos los deseos y temores que se despiertan
en ellos ante este mundo nuevo.
Cuanto más paulatina sea la adaptación mejor. No es necesario
apurarse y es fundamental que la mamá esté conectada con las
necesidades de su hijo para cuidarlo de la sobreadaptación, que es
lo que suele suceder con todos los niñitos tratando de satisfacer a
los adultos y a la vez atraídos por las propuestas en una mezcla de
curiosidad y ganas con la exigencia de los jardines y el corazón oprimido.
No exagero. En mi jardín a los papás les pedimos que entren
a la sala, conozcan los juegos, aprendan las canciones, que estén cerca
y hagan un vínculo con los maestros para transmitirles esta confianza
a sus hijos. No es bueno que los chicos se queden llorando. Ese "ratito
de llanto que se pasa", con el que suele convencerse a los grandes, tiene
un costo emocional muy alto para los chicos. Parte del trabajo del jardín
es transmitirles a los papás qué es lo importante. ¿De
qué sirve que su hijo reconozca los colores, las formas y sepa palabras
en inglés si el costo emocional de adaptarse y repetir todo eso que
le piden lo está rigidizando? Es un formato copiativo, donde se les
pide a los chicos y a los papás que se adapten a un molde, tiempos,
morisquetas y estereotipos infantiles. No quiero parecer fanática,
pero este es el abordaje en general ofrecido por muchas instituciones y también
lo que piden los papás pensando que eso es un correcto aprendizaje.
Cuando
ven a sus hijos entrar contentos al jardín, cantando en casa las canciones
que le gustan y canta con sus maestros. Cuando lo descubren aprendiendo a
resolver situaciones de conflicto típicas de la edad: el compartir,
los límites, el espacio propio y el ajeno, el darse cuenta de qué
es lo que quieren y les pasa (hay que hablar idioma bebé, ¡se
los aseguro!), el delicado equilibrio entre lo que quiero ya y el cuándo,
cómo y dónde poder satisfacerlo, van comprendiendo cuál
es el correcto aprendizaje. Los chicos y los adultos! Para esto se necesita
mucha paciencia y escucha y educación en el diálogo.
Es importante que la maestra reciba a los papás. Que los escuche y
que atienda eso que la mamá cuenta de su hijito. Que los grupos no
sean numerosos y que haya un maestro aproximadamente cada 6 nenes. A esta
edad si un chico está sensible, si tiene mocos, si tuvo un hermanito,
si durmió mal o le duele la panza tiene que tener un maestro que lo
atienda. Con upa, con mimos, con un juego o una canción. La posibilidad
de esperar se va construyendo con la confianza de sentirse satisfechos y atendidos.
Son chiquitos. No nos olvidemos de eso.
Además, cuando se les brinda la posibilidad a los papás de participar,
realmente lo hacen y se sienten agradecidos. Y también aprenden a posicionarse
ante las futuras instituciones llenas de exigencias.. Por ejemplo: que un
nene de 2 años no llegue tarde al jardín aunque tenga que apurarse
con su mamadera. Digo. ¿dónde está la prioridad? Aunque
le incomode a la maestra en su rutina diaria, debería ser la institución
la que se adapte ante los tiempos de la familia. Y sin embargo, los papás
se la pasan recibiendo retos.
Por supuesto que hay muchos jardines y propuestas alternativas y se trata
de que la elección sea la adecuada dentro de lo posible, para que el
jardín sea el primer puente al mundo de la mano de la familia. Un espacio
así, entonces, es la primera matriz social de los chicos y es fundamental
que sea una experiencia positiva y no de sobreadaptación. Esto se traslada
para toda la vida y queda como una certeza de que abrise al mundo no es peligroso
sino posible, que entrar en grupos nuevos no es algo hostil sino amable y
enriquecedor.
DIARIO PÁGINA 12 | REVISTA "LAS 12" | JULIO DE 2008
“Juguemos en el escenario". Por Magdalena Fleitas
Llegan las vacaciones de invierno y casi todo el mundo adulto con niños y niñas a cargo empieza a mirar ansiosamente la cartelera teatral infantil para ver a dónde llevar a la gente menuda. Ese público inocente y dispuesto, a menudo influido por la publicidad televisiva, se merece que padres y madres elijan responsablemente la mejor calidad en todos los rubros. Héctor Presa, Magadalena Fleitas, Violeta Naón, Adela Basch y Liliana Bodoc opinan sobre la temática.
(...)
Magdalena Fleitas viene llenando de risas musicales escenarios y discos desde 2004, pero antes, entre 1996 y 1999, grabó cuatro CD que circularon sobre todo en escuelas rurales, con temas inspirados en ritmos de los pueblos originarios. A ella lo de la música le viene de familia, en su casa todos cantaban, de modo que le resultó natural seguir por ese pentagrama y le dio por la investigación, la experimentación: “A partir de viajes que hice por el interior y por Latinoamérica, empecé a descubrir y a distinguir los ritmos folklóricos de cada pueblo y junté dos pasiones: cantar y cultivar esta música para mí tan inspiradora. Estudié musicoterapia, trabajé en escuelas, me empecé a acercar a los chicos haciendo un camino marcado por ritmos latinoamericanos. Creo que escribir bien para los niños, hacer buena música, buenos cuentos es un arte muy profundo. Hacerlo con mucha exigencia no es tarea fácil. Para empezar, canto las canciones que me gustan de verdad, jamás podría hacer los temas del cocodrilito o del patito. Creo que es importante que lo que se les comunica a los chicos sea coherente con lo que una es, por eso nuestro show es de una alegría tan contagiosa: ellos nos ven cantando, bailando, haciendo música con gran placer, no haciendo una animación de fiestita infantil. La mayoría de las canciones, letra y música, las hago yo; otras, los músicos de la banda. También tenemos los temas del cancionero folklórico latinoamericano, que reversiono desde mi lugar urbano, tratando de ser fiel al original. Trabajamos con instrumentos eléctricos, bajo, batería, acordeón, piano, guitarra, flautas, clarinetes, algunos africanos. Un despliegue de sonidos muy rico”.
En el ciclo de las vacaciones de Salpicón de risas (miércoles 30 de julio y el miércoles 6 de agosto, a las 16, en Chacarerean Teatro, Nicaragua 5565, 4775-9010), participa un grupo de niñas de la compañía Nanyadure, que participan también en Choque Urbano, bailando entre el ballet, el folklore y el jazz. Magdalena Fleitas no cree que el público pida espectáculos de fórmulas comerciales probadas, “lo que pasa es que va exigiendo en la medida que conoce y disfruta. Los chicos son seres muy abiertos a lo que se les ofrece. Eligen lo comercial porque son inducidos, es como un espejismo muy publicitado, visto por la televisión. Pero cuando se sienten tratados con respeto, como los seres inteligentes y sensibles que son, cuando ven a adultos haciendo algo genuino, divertido, con emoción, los chicos responden maravillosamente, ya se trate de una murga o de una zamba. Nuestro espectáculo es muy participativo, un ida y vuelta continuo, niños y niñas se sienten muy integrados. Ojo, que no es que yo piense que haya que darles folklore a los niños, no: lo canto porque me sale del alma, me identifico. Por supuesto que está el plus de acercarles su propia cultura, ritmos originarios, un tesoro que también les pertenece. A mí lo que me resulta más tocante es cuando la gente se va cantando, cuando me escriben las maestras y me dicen que están trabajando mis canciones en la escuela, cuando me entero de que los chicos cantan y bailan en sus casas, inspirados en lo que vieron y oyeron en los shows”.
Fleitas piensa que el filtro de calidad para las obras de teatro para niños debe ser muy cuidadoso, “preguntarse si el espectáculo es estimulante, si les abre puertas, los sensibiliza respecto del arte... Porque la entrega de los chicos merece suma atención, gran respeto. Y que los padres deben elegir el espectáculo con el mismo cuidado que eligen para sí mismos, informándose, una película o una obra teatral. Tener una actitud más activa, no entrar en el consumismo automático, sobre todo en las vacaciones de invierno, donde se ven criaturas chiquitas haciendo colas larguísimas para ver unos de estos shows muy publicitados”.
(...)
REVISTA SOPHIA | DICIEMBRE DE 2007
"El mundo de los chicos se pinta más rosa de lo que es".
Entrevista a Magdalena Fleitas. Por Agustina Rabaini
Magdalena Fleitas viajó por Latinoamérica buscando canciones y así forjó un estilo musical que rescata tradiciones en una mezcla divina de folclore y urbanidad que ahora reflejan sus discos. En buenos Aires, Fleitas dirige un jardín de infantes y desde allí afirma para quien quiera escuchar: “Música podemos hacer todos”.
Magdalena Fleitas es una voz autorizada a la hora de hablar sobre el mundo de los chicos y sus romances con la música. Consiguió algo casi imposible: que los chicos de ciudades como Buenos Aires, poco familiarizados con el folclore, se entusiasmaran con esa música. A los 36 años, lleva tiempo viajando con su banda a cuestas por la Argentina y otros países de Latinoamérica y en el camino grabó los discos “Risas de la Tierra” Y “Risas del Viento”, donde fusiona lo folclórico y lo urbano en canciones como para no parar de cantar y de bailar. En una casona de Palermo, Magdalena también dirige un jardín de infantes, “El jardín de Magda”, que propone un innovador proyecto educativo y en ese marco conversó con Sophia acerca del desafío de acompañar a los chicos a sentirse mejor escuchados en una etapa inicial y fundante de la infancia.
-¿Siempre supiste que querías
dedicarte a esto?
-Sí, la música estuvo siempre y sabía que quería
trabajar con chicos. Al principio, me especialicé en estimulación
temprana y en trabajos con chicos que presentaban trastornos en el desarrollo.
Con el tiempo, todo se fue encaminando: estudié músico terapia,
me convertí en docente y viajé incansablemente. Fue un camino
solitario, pero también pude tejer redes con pares y así fui
haciendo camino al andar. Fui trabajando, no paré de moverme, y ahora
miro para atrás y digo: “Uy, mirá la banda que armamos”
-¿Y el folclore?
- Escuchaba música folclórica desde chica. Mis padres tenían
un fuerte compromiso social y viajaban a provincias del interior a misionar.
Cuando empecé a viajar sola, visitaba escuelas y llevaba mi grabadorcito
para hacer intercambios con los maestros y registrar las voces de los chicos.
Así pude grabar los cantos de los chicos de la comunidad yamuní
en el lago Titicaca. Fue tan maravilloso escucharlos… los chiquitos
bolivianos cantan a grito pelado. Los ves tranquilitos, de alguna manera sumisos,
y cuando cantan sale un huracán de adentro de la panza que te hace
reír de la vitalidad que tienen. Pasan de a uno, hacen una circulación
extraña de poesías y cuando terminan gritan: “¡Gracias!”.
-¿Tenés hijos o ganas de
tenerlos?
-No todavía, pero después de tantos años de trabajar
con bebés y niños, con mi pareja empezamos a pensar en esa posibilidad.
Estoy en pareja con el compositor y escritor Luis Pescetti, y tener un hijo
es parte de nuestro proyecto familiar. Con Luis hicimos un recorrido parecido:
estuvimos muy volcados hacia fuera y ahora nos gustaría traer todo
lo que conocemos del mundo de los niños a nuestra vida personal. Después
de muchos años de trabajar con chicos, conozco las carencias de los
bebés y las mamás que se van desgarradas a trabajar porque no
tienen otra opción. Si quedara embarazada, estaría dispuesta
delegar parte del trabajo.
Magdalena, que cumplió 36 años, creció en una familia donde las melodías flotaban en el aire: su bisabuelo era músico, y con sus cinco hermanos, primos y tíos cantan hasta el día de hoy en fiestas familiares. Se formó con los planteos de artistas que proponían la música desde un lugar muy expresivo y está convencida de que “música podemos hacer todos”
-¿Todos?
- La música fue sufriendo de ese mito que dice que para poder vivir
estas experiencias, tenés que ser un dotado o un virtuoso, pero todos
podemos cantar. Todos los niños escuchan la voz de la mamá,
lo que canta la abuela, y esos sonidos terminan conformando un lenguaje muy
afectivo. El que no canta en la ducha, canta en el auto, y los chicos van
de la sala al patio cantando. La represión social hace que los adultos
dejemos de cantar, pero cantar es muy liberador. A los papás les pido
que se sienten a cantar, que pongan música y bailen con sus hijos.
-¿Qué opina de los concursos
musicales de la tele?
-Algunos estandarizan la expresión musical: hay que cantar y bailar
como la chica de High School Musical, y entre todos arman una especie de carrera
de concursos. Lo positivo es que ahora muchos chicos andan con sus guitarras,
van a talleres y realizan actividades musicales como parte de su currícula
escolar. El crecimiento de la expresión musical en los últimos
diez años es llamativo. No ocurre en todos los países.
-¿Qué aprendés vos
de los chicos?
-Me asombra la relación directa que tienen con las cosas. Los grandes
comos mentales, nos agotamos pensando y enojándonos. Los chicos tienen
otro manejo de la energía, pasan angustias, miedos, inseguridades pero
las viven desde lo emocional. Esta relación con el mundo tan conectada
con las emociones y los deseos permite aprender mucho. Los grandes estamos
sobre adaptados, nos olvidamos de lo que queremos. Para los chicos todos es
nuevo, miran debajo de la mesa y desde allí sacan fotos de un mundo
que nosotros ya no miramos.
-¿De qué manera los ayudás
como musicoterapeuta?
-La musicoterapeuta es un abordaje terapéutico riquísimo, con
muchos recursos para abrir puertas. Al crear, sacás afuera tus emociones,
y eso que te dolía y enfermaba se hace música. Mediante las
canciones, los chicos se vinculan directamente a lo afectivo, sacan sus tristezas,
celos, miedos, dificultades y comparten su alegría. Es importante dejar
que los chicos se detengan un instante a escuchar lo que les pasa y nombrarlo.
-¿Hay música para chicos?
- Sí, pero ese concepto a veces se infantiliza. La mirada de los chicos
está tan llena de contradicciones como la nuestra. En general, se pinta
el mundo de los chicos más rosa de lo que es, y ese es un prejuicio
de los grandes. No vemos lo difícil que es crecer, cómo duele
la panza, cómo incomoda asumir consignas y tener que compartir cuando
no se está preparado. El mundo de los chicos es intenso y contradictorio,
y las canciones tienen que abordar eso. Es importante que haya algunas que
generen un clima íntimo e incluso triste. Una canción así
puede ayudarlos a ver que a sus pares les pasan cosas parecidas.
|
Cerviño
3760, Ciudad de Bs.As. |
|
Informes:
(5411) 4802-2683 - jardin@magdalenafleitas.com.ar |